Vivir fuera de tu país

vivir fuera de tu país

Cuántos se han sentido como yo? Mi viaje de amor y aventura también tenía contemplado trabajar en el extranjero y aprender un idioma… pero cómo es vivir en otro país? Cómo trabajar en el extranjero sin saber el idioma? Aquí te cuento mi experiencia Working Holiday Suecia y de vivir fuera de tu país!

Mi experiencia en el extranjero

Tampoco digamos había salido de vacaciones fuera de mi país, ya que solo puedo contar un viaje a Argentina con Domi y su familia. Hasta ahí conocía.

Hoy, vivo una experiencia totalmente nueva para mí, pues no sólo salgo de mi país, sino además decidí estar un año fuera de mi país.

Cuando Beño me propuso, sólo como una pregunta hipotética, venir a acompañarlo, mi respuesta fue inmediatamente un sí.

Bueno, antes de esa respuesta tuve una pequeña conversación con Vane (una colega del colegio en el que trabajaba) que se encontraba en la sala de profes junto a mí en ese momento.

Recuerdo haberle preguntado a ella qué diría si alguien le propusiera algo así y su respuesta me empujó aún más a decir el sí. Me mencionó que cuando uno siente que es la persona, que tienen planes o sueños en común y se presenta una oportunidad como esa en la vida… uno siempre debe decir sí, independiente de los temores que surjan, pues habrá alguien a tu lado y no quisieras quedarte con esa sensación del “Y qué hubiese ocurrido si…?”

Luego, la propuesta de Beño fue más formal y concreta. Menos dudé. Implicaba dejar muchas cosas, pero también ganar otras, de las cuales cualquier esfuerzo o pérdida, valía la pena.

Ya les conté antes como fue tomar esa decisión y las cosas que luego sucedieron. Pero quizás olvidé mencionar lo que no pensé.

Consecuencias de vivir en otro país

No pensé sería tan compleja esta aventura, en el idioma, el trabajo y la convivencia. No pensé en las cosas simples, pero que pesan cuando uno se arriesga a algo como esto.

Los primeros meses fueron soñar. No estábamos establecidos en un lugar, pues esperábamos la visa para poder llegar a Estocolmo. Esto, me hizo continuar NO PENSANDO, pues me encontraba disfrutando junto a la persona que amo en lugares increíbles, conociendo, recorriendo… de vacaciones!

Asumo, en este punto, que me tomé muy en serio esas vacaciones, pues no dediqué tiempo a estudiar inglés y sueco, menos! Jugaba de vez en cuando en Duolingo o Babel y cuando Beño me proponía conversar en inglés, me resistía diciendo que no era el momento.
Fallé… ese era el momento.

No sé si les pasa lo mismo que a mí, pero no me gusta aprender cosas a presión. No me gusta la presión bajo ninguna circunstancia, mejor dicho.
Me he jactado toda mi vida de decir que me gusta aprender y las cosas nuevas, pero llegado el momento actué como si no lo fuera. Sentía que estaba obligada a aprender idiomas y no quería solo por sentirme obligada.

Hoy, que ya nos encontramos en Estocolmo viviendo hace ya un mes, debo decir que aún me ocurre lo mismo, he intento cambiar eso de mí, pues sé no me traerá ningún fruto positivo a mi vida y estadía aquí.

EL IDIOMA…

Bueno, entonces el idioma es el primer punto. No sé inglés ni tampoco sueco y me encuentro viviendo en un país donde el habla principal es el sueco y el secundario es el inglés. Problema.

Los letreros están en ambos idiomas en el transporte y las personas en los negocios hablan o responden a ambos idiomas. Me he sentido orgullosa de mí, al ya poder ir a comprar cigarros sola diciendo solo: “Hi, Lucky Strike red, please? Thank you” o al ir al supermercado sola, ya que no necesito decirle nada a la cajera más que pagarle.

Camino y todo lo que me rodea es un idioma que no conozco ni entiendo. Parece más árabe! Ni siquiera es como el inglés que se puede entender… esto es totalmente distinto. Me imagino que es como viajar a China y ver solo signos a tu alrededor.
Cuando Beño pregunta algo a alguien o mantiene una conversación con otra persona de acá, intento fijarme en los gestos y deducir qué dice. Quizás hasta puedo seguir indicaciones sólo fijándome en los gestos que esa persona hace.

Ir al supermercado a escoger un producto es complejo también, pues debo estar con el traductor o preguntándole a Bernardo que dice ahí para poder escoger.
Netflix tiene muy poco para mí en la actualidad, pues la mayoría de las películas o series están con subtítulos sólo en idiomas nórdicos.

EL DINERO…

Otro punto, es el dinero. Como buen turista, debo andar con la calculadora para saber cuánto cuestan las cosas y sentir rabia cuando lo descubro, pues Suecia resulta ser un país muy caro.

Tuve un episodio de enojo y rabia cuando fuimos al supermercado y quise comprar fruta, pues acostumbraba comer fruta en Chile. Unas cuantas mandarinas salían casi $1.000 pesos chilenos. Para que hablar de las manzanas! La carne molida! El pegamento! Un cuaderno! Claro, si tuviese un sueldo de Suecia, sería nada! Pero mi cabeza aún piensa en pesos chilenos y se molesta con tan altos precios.

BUSCAR TRABAJO EN EL EXTRANJERO Y TRABAJAR EN OTRO PAÍS

Luego, viene el trabajo. No se trata sólo de la frase “Pero busca po!” Se trata de cómo buscar si cada página para buscar está en sueco (recordemos que es chino para mí).

Ya, resulta que en sus cabezas estarán diciendo “Pero traduce las páginas po Camila”… bueno, eso hago, pero olvidaba un detalle! Piden sueco o inglés. Cómo me enfrento a una entrevista en inglés? Cómo decir que sé hablar o comunicarme en inglés, si ni siquiera puedo mantener una conversación cotidiana con mi pololo? Complejo.

Quizás para algunos me complico demasiado, quizás piensan que es fácil o si no lo es, al menos se puede. Bueno, yo también pienso que se puede, pero primero mi cabeza necesita eliminar esas barreras que tiene de querer aprender bajo este panorama.

COSAS COTIDIANAS QUE EXTRAÑAS…

Sin menos importancia, se encuentran, como otro punto, aquellas cosas cotidianas.

Desde no saber qué toallas higiénicas comprar, acostumbrarse a otras marcas de cigarros y resignarse a no tener los mentolados que siempre fumaba.

Olvidarte de la torta merengue lúcuma del Café Colonia, recorrer un metro que tiene estaciones que no conoces y millones de lineas y opciones que no sabes de memoria.

Salir a caminar y tener que ir recordando por qué calles doblaste para luego poder regresar, no entender lo que la persona que esta al lado tuyo dice para poder curiosear una conversación ajena en el metro y no tener la libertad de poder preguntar a cualquier persona en la calle o negocio cómo llegar a tal lugar o cuánto cuesta tal producto.

Acostumbrarte a tener que escribir a algún amigo o familiar cuando te sientes sola o acongojada, porque ya no puedes agarrar tu auto e ir a verlos. Perderse cumpleaños, nacimientos, muertes o simples reuniones sociales.

No poder ir al médico si te duele la uña, no encontrar tu desodorante o crema para las manos que solías usar en Chile y tener que probar y probar hasta quizás encontrar uno que te agrade.

Tener que comprar fruta y verdura cara en el supermercado, porque no hay verdulerías en cada esquina, querer chanchear o no cocinar e ir a comprar un completo a la vuelta de tu casa, caminar tarde por los alrededores de tu barrio sin temor y con total seguridad de que no te vas a perder, etc.

En Chile me quejaba mucho de mi trabajo y hoy, que hace ya unos meses no entro a una sala, lo extraño. Extraño la rutina de levantarme mañosa, salir camino al trabajo, desayunar con mis colegas, agarrar el libro de clases, entrar a una sala, sonreír con los chistes de mis estudiantes, pasear por los pasillos del colegio y saludar a los niños que se cruzaban, almorzar con mis colegas quejándome del cansancio y rutina, volver a hacer clases y luego irme a casa.

Extraño a mi mami, que a pesar de no hablarnos mucho o vernos, viviendo juntas, sabía estaba ahí y descubría lo que me pasaba con sólo mirarme. Hoy, que estamos lejos, puedo ocultarle mis estados de ánimo y ahorrarme sus sermones de tener que hablar y ver las cosas de forma positiva siempre, pero lo extraño!

Des-aprender

No se trata de no estar feliz donde hoy estoy, no se trata de no valorar estar en un país con tanta cultura, de no aprovechar la oportunidad, de no querer aprender el idioma o incluso de que mi pareja no sea suficiente apoyo y compañía para mí…

Se trata de adaptarse a una nueva vida, de eliminar barreras mentales y prejuicios, de entender que no todos los días serán buenos, pero tener la convicción de que vale la pena. Se trata de “Des- aprender”.

Beño me dijo, ese día de mi frustración por las mandarinas, algo muy importante. Quizás insignificante si no les explico cómo lo interpreté…

“No te canses, mi amor. Aquí en invierno habrá nieve. Te va a gustar!”

Y entendí lo más importante… No cansarme, porque me encuentro con el hombre que amo viviendo una experiencia que jamás olvidaremos, porque aún tengo muchas cosas por aprender y conocer.

No rendirme, porque lo que siento hoy es un instante, una pequeña parte de lo hermoso que podría resultar toda esta aventura. Hoy quizás no es un buen día, pero depende de mí hacer que valga la pena.

Paciencia también a mi Beño para que tolere a esta Cami. Así juntos, como lo decidimos hace unos meses, continuar el recorrido.